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¡Felicidades a todas aquellas personas que ejercen esta noble y humana profesión con calma, confianza, consuelo, compasión! Para todos mis colegas, un abrazo y este hermoso poema:

Hace falta un enfermero…
que una en su persona profesión y vocación;
que la monotonía del trabajo no insensibilice
su corazón al sufrimiento ajeno.

Que los propios intereses no le hagan olvidar
el gran interés: el bien del enfermo;
que sepa trabajar en equipo haciendo del lugar de trabajo
un hogar para todos!

Que atienda, cuide y llame a la persona enferma por su nombre
y siempre lo considere alguien y no algo;
que acepte con paciencia sus impaciencias;
que no sólo proporcione remedios,
también ternura, serenidad y paz.

Que comprenda sus miedos y los escuche con solicitud y cariño;
que intuya y respete sus necesidades humanas más profundas;
que esté junto al enfermo con su presencia humana, aún cuando profesionalmente nada pueda hacer;
que ore y apriete las manos del enfermo en el paso definitivo hacia la casa de Dios Padre.

Gracias por estar.

– Liliana, Enfermera

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