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Amor a nuestros enfermos y ancianosLa sacralidad y dignidad de cada persona no puede ser aniquilada, porque está en cada uno, va en cada uno, y es indestructible. Su fundamento es Dios Creador y Padre. Se aplica a todos, pero especialmente a quienes están en un estado de debilidad, que pareciera oscurecer a nuestros ojos esa dignidad inalienable.

Aplicado esto a los Cuidados Paliativos de nuestros enfermos terminales o de los ancianos que están en el atardecer de sus vidas, podemos afirmar con certeza y convicción que ellos siguen siendo igualmente dignos, ellos y su vida, por su condición humana, y hasta con un plus por su estado de debilidad. Nos corresponde contemplar y mirar esta realidad como es, y traducirla en praxis concreta, como lo hace la gente de los «Cuidados Paliativos».

El médico español Jordi Valls, paradigma de los Cuidados Paliativos, cuando ya había atendido a 11.000 enfermos, afirmaba con vigor que no había encontrado un sólo enfermo que pidiera la eutanasia. Decía: «La mayoría de quienes te dicen ‘yo no quiero vivir’, resulta que te están diciendo ‘yo no quiero vivir así’, y en cuanto tratas el ‘ASÍ’, habitualmente no se repite el ‘no quiero vivir’. Hay que ser sensibles, caritativos, y atender desde el lado más humanista de la medicina».

El paliativista puede ver en el enfermo o anciano terminal a un prójimo, a un hermano, que ya es mucho. Si además sos creyente cristiano, y de hecho la inmensa mayoría lo son, tenés la oportunidad y el llamado de ver en él la imagen de Dios, el rostro de Jesucristo. Madre Teresa insistía que en cada pobre o en cada anciano abandonado, sirvamos, amemos y acariciemos a Jesucristo. ¡Qué maravilla!

El mismo médico que antes citábamos afirma que en Cuidados Paliativos, el mejor tratamiento no es la morfina, sino la caridad, el «añadir paz a la muerte», el permitir la reconciliación con quienes lo necesiten, el recibir amor.

Hay una tendencia contradictoria, incluso entre nosotros los creyentes, que se nos cuela por todas partes, a creer que el dolor no tiene sentido, que bueno, hay que soportarlo y nada más. Rendimos tributo a la «eficiencia». Pero una cosa es la eficiencia y otra la eficacia. Jesucristo, «varón de dolores», en la mayor ineficiencia, dolores y aparente fracaso con su Pasión y Muerte en la Cruz, realizó nuestra Redención y Salvación. Así es, con todo el dolor del mundo, puede y debe ser salvador y redentor, unido a Jesucristo. El dolor tiene sentido, la muerte también.

Decía el sabio israelita, hebreo o judío, Víctor Frankl; quien padeció los campos de concentración nazis perdiendo a toda su familia, y que nos dejó estupendos libros de psicología, que nos regaló la «Logoterapia», que «el hombre no se autodestruye por sufrir, sino por sufrir sin sentido». El padre San Marcelino Champagnat, fundador de los «Pequeños Hermanitos de María», los «Hermanos Maristas», nos decía: «Los Hermanos enfermos y ancianos son las columnas de la congregación marista». La tenía más que clara.

Amigos del Hospice, ustedes humanizan el cuidado a los enfermos terminales con los Cuidados Paliativos, ustedes cristifican ese cuidado. ¡Gloria a Dios por su caridad, su anuncio, su testimonio!

Atte. Hermano Antonio Ostojic
Voluntario

Esta entrada tiene un comentario
  1. Muchas gracias Antonio por este artículo que nos ilumina desde la ética del cuidado y la fe. Como ex-alumno Marista, doy gracias a Dios de poder tener un poquito del carisma de San Marcelino y te doy gracias nuevamente por mantener firme su carisma en tu obrar diario.
    Un abrazo.
    Cristian

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