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Amor y respeto a TODA persona y a su vida, SIEMPRE

“Si quieres la paz, defiende la VIDA”. (Papa Pablo VI)

El respeto a la vida es condición para la paz. Amar y respetar la vida es una responsabilidad personal, social, universal, es decir, de todos; custodiarla para que llegue a su plenitud. Un amor y respeto que no admite excepciones. Reitero: a toda persona, a toda vida, siempre. Es innegociable.

Desde nuestra pertenencia católica compartimos los espacios comunes y, además, descubrimos en cada ser humano el rostro del amor de Dios, la imagen de Jesús. Nadie nos es extraño, sino prójimo, hermano.

Y la evidencia está ahí. El derecho primigenio es el derecho a la vida. Hoy se niega mucho esta evidencia, y la consecuencia son millones de homicidios intrauterinos anuales en el mundo, muchos millones. Es triste que se realicen ante nuestros ojos, en nuestra cercanía, como si nada pasara. Se nos ha endurecido el corazón y nos ha provocado una ceguera de la que tenemos que hacernos cargo.

Caímos en la locura de asociar la libertad con la muerte. Y se lo llama “derecho a decidir”. El aborto mata a un hijo y destruye a la mujer madre. Es la pena de muerte para el bebé, para el propio hijo. Es el signo del mayor antihumanismo. Ya lo dice claramente la Madre Teresa de Calcuta. Y afirma también que tiene ribetes demoníacos. Y no hay dudas, porque se une el homicidio y la mentira, las dos principales acciones destructivas del “Maligno”. Una histeria violenta ejercida contra el bebé, una degradación personal, social, cultural, que nos lleva al precipicio en una atrocidad sin precedentes.

La compasión está en amar a cada madre, a cada bebé, a todos. Siempre, y para todo, está la presencia de un DIOS RICO EN MISERICORDIA, que puede restaurarnos, sanarnos, perdonarnos, plenificarnos. Claro, si queremos.

A los provida se les ha hecho mala fama, y es lógico, porque el proponer y defender la verdad sobre la vida tiene un precio. Pero son ellos los que se acercan a la mujer en dificultades, en forma personal o asociada, los que despiertan su conciencia para que ame y se conecte con el hijo que lleva en sus entrañas, y para que lo deje nacer. Y cuando la mujer, habitualmente presionada, tomó la decisión de no tenerlo, de matarlo, se acercan a ella para ayudarla a la sanación.

Nuestro llamado, el tuyo, el mío, el de todos, es superar la indiferencia, el abandonismo. Dios nos pide no sólo participar, sino involucrarnos, entregar la vida por el niño y su madre embarazada. La causa lo amerita. Y le decimos, sabiéndonos débiles y pecadores: “¡Sí, Señor, aquí me tenés, estoy dispuesto!”

Atte. Hermano Antonio Ostojic

Esta entrada tiene 6 comentarios
  1. Gracias a ustedes, querida gente del Hospice por mandarme una vez más todo este “material” sobre la estupenda obra del Hospice, que Dios realiza a través de la entrega y fidelidad de ustedes. Y gracias, también, por invitarme a escribir una reflexión. Muy hermoso todo, una vez más. Paz y Bien en Jesús y María.

  2. Amigo Antonio!!! Cada uno de los artículos que escribís dejan una clara enseñanza para la Comunidad!! Es muy importante para nosotros que aportes tu granito de arena! Sigamos trabajando en equipo!!! Cariños desde el Hospice!!

  3. Muy querido Antonio, con que claridad, sinceridad y sobre todo, verdad, dejás bien plasmado el daño que hace el aborto al “bien común” y como destruye a toda la sociedad de manera silenciosa. Adhiero a cada una de tus palabras, me sumo a la compasión y misericordia para todas las madres que son presionadas y muchas veces obligadas a abortar. Repudio el accionar de todos los médicos que actúan como verdugos, y se ensañan con el pobre niño indefenso; pero no dejo de elevar mis plegarias pidiendo a Dios que los haga recapacitar y dejar la “cultura de la muerte”.
    Gracias Antonio por tu compromiso a favor de la vida.

    1. Querido Cristian, Dios bendiga tu persona, tu vida, a tu hermosa familia y el haberte inspirado y plasmado la realidad del Hospice.
      Muchas gracias por tu reflexión, que es muy linda y, además, insta a la oración por nuestra propia conversión y, en especial, por la de aquéllos que se han desviado de la vocación humanística y hacen todo lo contrario.

  4. El amor y respeto por la vida en un sentimiento de valor de constancia y la vida humana es el fruto de la acción creadora del Señor.
    Ojalá que este pequeño tema del amor y respeto por la vida les haya servido

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