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Conocemos de memoria el mandato, “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Una meta ardua y alta.
Y Jesús sube la apuesta: “Ámense los unos a los otros como yo los he amado”. O sea, hasta dar la vida.

Lo explica Él mismo: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos”. Dios nos impulsa a la generosidad para dar y darnos. Y nos sorprende, porque Él multiplica todo, como hizo Jesús con los panes y los pescados. Lo que nos guardamos, se pierde. Lo que damos, fructifica.

Experimentamos alegría y felicidad cuando seguimos la llamada de darnos a los otros. Y cuando con humildad recibimos a los otros como don y recibimos lo que nos dan. Y vale para cada persona, y vale sobre todo en el tema del perdón. Pedir perdón y perdonar, ambos por igual.

Ustedes, que leen esta reflexión, lo saben por experiencia. Cuando damos, cuando nos damos, también recibimos tanto o más. Como dice San Francisco de Asís: “…porque dando, se recibe”.
Todo esto lo vivimos desde la caridad de Jesucristo. Intentamos ser sus imágenes, seguir sus huellas y ver en el otro esa misma imagen.

Y termino con un pedido o sugerencia, y es la invitación a adquirir dos libros que les permitirán ir más allá de esta reflexión.
El primero, que ya varios de ustedes habrán leído, escrito por el doctor Cristian Viaggio y la gente del Hospice Madre Teresa: Solidaridad en el final de la vida. Adquirirlo, leerlo, invitar a otros a hacer lo mismo.

Y el otro libro que recomiendo es “Gobernar es poblar”, del doctor Abel Albino, fundador de CONIN.
Hospice y CONIN son frutos grandes del mismo árbol. Y las obras son, de algún modo, hermanas.
Y ambos libros son excelentes, porque aúnan una reflexión bioética integral con el testimonio.
Aquí sí vale el “deme dos”.

Dios nos bendiga y proteja por intercesión de Madre Teresa.
Hermano Antonio Ostojic

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