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Don y respuesta, cinco panes y dos peces

Todo es gracia para nosotros, todo es Providencia sobre nosotros. El amor de Dios se nos infunde, eso es una certeza. Y se hace realidad con nuestra respuesta fiel y perseverante.

Al modo de la multiplicación de los panes y los peces, Dios quiere contar con nosotros. Le damos lo nuestro, repleto de debilidades, y él lo multiplica hasta lo máximo.

Nuestras obras de amor, hechas con el corazón, hacen visible el amor de Dios. Cada oración, cada gesto, cada palabra y acción, expresan ese amor. Cuando recibo la llamada del hermano, es porque Dios “quiere necesitarme”.

El Hospice Madre Teresa intenta y logra hacer visible este amor paterno y materno de Dios, expresado en esta frase de Madre Teresa: “Nosotros predicamos un Dios bueno, generoso, comprensivo y compasivo. Si queremos ser coherentes con lo que decimos, todos deben ver esa bondad, ese perdón y esa comprensión en nosotros”. Y en nombre de Jesús, nos hacemos instrumentos de sanación, de vida para siempre.

El Hospice surgió en una adoración eucarística, en la adoración a ese Jesús que es la fuente de vida, consuelo de los enfermos, paz de los sufrientes y atribulados, ternura en el dolor. Ese Jesús que siempre nos cuida, pero que lo hace a través de cada uno de nosotros.

Señor, que pueda reconocerte en cada hermano que sufre. Danos fuerza para amar, amar a todos, dando lo mejor, amar con sinceridad, tener compasión y misericordia, entregar nuestra vida, vivir para amar, amar como Vos.

Hermano Antonio Ostojic

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