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El amor solidario

En el contexto de nuestro tiempo la palabra amor la utilizan mucho, pero la mayoría de las veces se la vacía de sentido, y lo que es llamado amor es “sólo” una expresión de sentimientos pasajeros y mera posesión de algo o alguien. El Papa en su encíclica “Deus caritas est” (Dios es amor), señala la necesidad de realizar un camino o itinerario del amor. Esto es un servicio indispensable para este inicio del siglo XXI donde el individualismo y la fragmentación, fundamentalmente mercantilista, deshumanizan y ensombrecen nuestra cultura y sociedad.

El Papa señala en su encíclica que es Dios el que inicia el encuentro de amor con el hombre. Dios nos ha amado primero, dice la carta de Juan (1 Jn. 4,10). “En el desarrollo de este encuentro se muestra también claramente que el amor no es solamente un sentimiento, los sentimientos van y vienen. Pueden ser una maravillosa chispa inicial, pero no son la totalidad del amor. Es propio de la madurez del amor que albergue todas las potencialidades del hombre e incluya, por así decirlo, al hombre en su integridad”.

La solidaridad no es muchas veces noticia, pero el amor solidario y la caridad hacen consistente una cultura y sociedad.

Es por eso que reitero aquello que el Papa nos pide que tengamos en cuenta en nuestras comunidades: “Nuestras comunidades cuando celebran la Eucaristía han de ser cada vez más conscientes de que el Sacrificio de Cristo es para todos y que, por eso, la Eucaristía impulsa a todo el que cree en Él a hacerse ‘pan partido’ para los demás, y por tanto, a trabajar por un mundo más justo y fraterno… En verdad la vocación de cada uno de nosotros consiste en ser, junto con Jesús, pan partido para la vida del mundo.

La caridad, el amor bien entendido, es el fundamento al reclamo legítimo de nuestro tiempo de comprometernos por la inclusión de tantísimos hermanos que por distintas razones están marginados; de una comprensión integral de todos los derechos humanos, también de los niños por nacer que en general gravemente son olvidados; de la misma dignidad humana ausente en los que prefieren eliminar la vida cuando, para ellos, ya no es “útil”.

La virtud de “la caridad” y el amor inmerso en los sistemas sociales siempre generan un humanismo con valores y un horizonte de esperanza. La solidaridad no es muchas veces noticia, pero el amor solidario y la caridad hacen consistente una cultura y sociedad.

Fuente: AICA. Mons. Juan Martínez (Posadas)

Atte. Gastón Colaprete
Vicepresidente

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