Saltear al contenido principal

Entregarse desinteresadamente por amor al prójimoNo puedo negar la profunda preocupación que desde el inicio he tenido y sigo teniendo por el voluntariado en el Hospice. Siempre que alguien me pregunta cuántos voluntarios hay en el Hospice, me tomo unos segundos para pensar y repasar con nombre y apellido quiénes son los “verdaderos voluntarios” que con un compromiso sincero y responsable tratan de llevar alivio y esperanza al que sufre.

Ser voluntario es mucho más que una “etiqueta social” cargada de egoísmo e hipocresía. Es una entrega desinteresada por amor al prójimo.  Es revestirse del sufrimiento ajeno, de olvidarse de uno mismo y entregarse al otro poniéndose al servicio de la caridad. Ser voluntario en el Hospice es tratar de cultivar la virtud de la Hospitalidad. Esta virtud que nos permite recibir y acoger al enfermo con su familia que han sido abandonados y condenados al destierro de la soledad. La amabilidad hace que cada persona que participa de este proceso doloroso pueda sentir que su dignidad no se ha perdido, y que el valor de ser persona está presente a pesar de que la enfermedad lo ha despojado de su salud física.

Estoy convencido que hay que iniciar un camino de entrega y aprendizaje espiritual. Tenemos que apartarnos del individualismo y egoísmo que nos cierra a toda posibilidad de amar al que sufre. Para ser voluntario en el Hospice se ha de tener muy presente que «la actuación práctica resulta insuficiente si en ella no se puede percibir el amor por el hombre, un amor que se alimenta en el encuentro con Cristo».

Por tanto, en la actividad caritativa, las numerosas organizaciones católicas no deben limitarse a una mera recogida o distribución de fondos, sino que deben prestar siempre especial atención a la persona que se encuentra en situación de necesidad y llevar a cabo asimismo una preciosa función pedagógica en la comunidad cristiana, favoreciendo la educación a la solidaridad, al respeto y al amor según la lógica del Evangelio de Cristo.

En efecto, en todos sus ámbitos, la actividad caritativa de la Iglesia debe evitar el riesgo de diluirse en una organización asistencial genérica, convirtiéndose simplemente en una de sus variantes.

Atte. Dr. Cristian Viaggio
Presidente

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *