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Hospice Madre Teresa: Comunidad al servicio del que sufre (II)

En el newsletter anterior comenzamos una breve reflexión sobre la nota característica o “esencial” que tienen la mayoría de los Hospices con identidad católica. Esta nota fundamental está determinada por el sentido pleno de Comunidad, afirmando que somos mucho más que un “equipo de trabajo”.

Tratamos de esforzarnos por construir y mantener una comunidad con principios éticos y morales, conforme al Magisterio de la Iglesia. La comunidad permite un crecimiento interior y un crecimiento en la unión con Dios, aumentando en cada uno de sus miembros la conciencia del amor y la capacidad del don desinteresado de un servicio centrado en la gratuidad. Los miembros de la comunidad del Hospice se van transformando poco a poco en personas con mayor confianza en Dios, donde los temores y prejuicios disminuyen, pudiendo irradiar y testimoniar a Cristo en cada enfermo como portador del Agua Viva1.

El amor verdadero, a través del cuidado compasivo, transforma al voluntario, miembro de la comunidad del Hospice, en un persona sensible a las necesidades del enfermo. Se trata entonces de conjugar la capacidad profesional con el amor generoso y gratuito, intentando elevar los sentimientos de simple filantropía a la altura de la caridad de Cristo, donde toda acción se transforma en una verdadera ética del cuidado que ayuda al enfermo a morir en plena dignidad.

El Hospice Madre Teresa como “asociación y pequeña comunidad eclesial tiene su lugar en la formación de los fieles laicos, ofreciendo a través de sus propios métodos una formación profundamente injertada en la misma experiencia de vida apostólica, como también la oportunidad de completar, concretar y especificar la formación que sus miembros reciben de otras personas y comunidades.” (…)-(Christifideles Laici). (http://hospicemadreteresa.org.ar/esp/pastoral/)

Todos los voluntarios del Hospice tenemos que intentar “descubrir y vivir la propia vocación y misión, sin separación entre la fe y la vida diaria, considerándose esto una de las actitudes más importantes a desarrollar.
Sin duda la formación espiritual ha de ocupar un puesto privilegiado en la vida de cada uno, llamado como está a crecer ininterrumpidamente en la intimidad con Jesús, en la conformidad con la voluntad del Padre, en la entrega a los hermanos en la caridad y en la justicia.”
(…)-(Christifideles Laici)

Todo Hospice que intenta ser una pequeña comunidad católica debe centrar a sus miembros en amarse más, orar, poner al servicio de la persona necesitada sus dones y talentos, y ser fieles a su vocación.

La dignidad de los fieles laicos se nos revela en plenitud cuando consideramos esa primera y fundamental vocación, que el Padre dirige a todos ellos en Jesucristo por medio del Espíritu: la vocación a la santidad, o sea a la perfección de la caridad. El santo es el testimonio más espléndido de la dignidad conferida al discípulo de Cristo. (Christifideles Laici, 16)

Atte. Dr. Cristian Viaggio
Presidente y Magíster en Ética Biomédica

1Cfr. VANIER, Jean, Comunidad: lugar de perdón y fiesta, Madrid, Narcea N.A. Ediciones S.A., 1985, pp. 34-36.

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