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La solidaridad

El ejemplo de solidaridad y entrega más palpable de estos tiempos lo encontramos en la Madre Teresa de Calcuta, quién no tuvo límite alguno para su entrega personal a los necesitados. Lo practicó sin distinción de credo, de sexo, de raza, recogiendo al necesitado de las calles de Calcuta.

El sólo hecho de dar y ayudar no es lo más valioso, ya que conceptualmente el cristianismo se hace más vivamente presente en toda su expresión cuando ayudamos sin recibir absolutamente nada a cambio, cuando lo hacemos sin que se enteren los demás, ni aún los que reciben esa ayuda directa. Es seguramente más difícil para el ser humano ser generosos, solidarios y al mismo tiempo desinteresados. Nuestra ayuda debe ser un compromiso constante, una reacción espontánea que se enriquece y alcanza plenitud cuando agregamos a ella la virtud de la caridad, cuando se realiza por amor, cuando se convierte en entrega desinteresada.

Los invito a tomar como ejemplo el matrimonio: la solidaridad entre los esposos se perfecciona día a día, en todos los detalles de la vida cotidiana en pareja; debe ser así entonces nuestra disposición de solidaridad con otras personas, debe ser parte inamovible de nuestros actos de cada día.

Dios de manera sabia pone cada día a alguien en nuestro camino para que ayudemos, con una palabra, con un abrazo, simplemente escuchando. Aquí en el Hospice, cada jornada está llena de luz, los corazones llenos de amor y las manos prestas de manera urgente para la ayuda solidaria, amorosa y desinteresada.

Para terminar me despido de ustedes con un pensamiento de la Madre Teresa: “Sin nuestro sufrimiento, nuestra tarea no diferiría de la asistencia social”.

Que Dios los mantenga en la palma de Su mano.

Mercedes Bailet
Pastoral Hospice Madre Teresa

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