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El voluntario se compromete de manera desinteresada en una acción organizada al servicio de la comunidad: movido por la compasión hacia quien sufre, trata de responder con sus capacidades y dedicando parte de su tiempo a otras personas, participando en diferentes proyectos dentro de una organización de solidaridad.

El voluntario está dispuesto a capacitarse y a participar en programas formativos para mejorar sus aptitudes y dispone de tiempos propios para colaborar en alguno de los servicios voluntarios.

Sobre el voluntario cristiano, decía el Papa Juan Pablo II que “actúa con la misericordia del Padre hecha visible en Cristo, testificando la presencia de Dios providente en el mundo, viviendo la caridad en la verdad”. El voluntario hace visible a Cristo, que es la misericordia de Dios, a Cristo que es la providencia de Dios. Por eso es el constructor de la cultura del amor, por eso en el centro de todas sus opciones está Cristo, por eso le urge estar presente donde ocurren las necesidades, por eso quiere hacer del mundo una sola familia, por eso su amor es creativo.

Además el Papa habla de antiguas y nuevas formas de pobreza, y en especial del vacío existencial. Cuando se carece del sentido de la vida, se experimenta la soledad y el abandono, o se siente el deseo de paz y de una presencia cercana en el final de la vida, el voluntario cristiano está ahí presente.

Reflexiono sobre el asunto, pero los contemplo a ustedes, voluntarios del Hospice, que son los que viven esta compasión cristiana en su servicio de voluntariado.

Es bueno traer a la memoria un hecho puntual de la vida de la Madre Teresa cuando atendía a un hombre en extrema necesidad en las calles de Calcuta. Él, agradecido, le dijo: “Gloria a tí, Mujer”. Y la Madre Teresa le respondió: “No, gloria a tí, que sufres con Cristo”.

Ustedes, como la Madre Teresa, hacen un ministerio pleno de sanación, y encuentran la plenitud en la cercanía de aquéllos que sufren con Cristo. Gloria al Señor por ustedes.

Oración para los voluntarios

Voluntariado y Cuidado compasivo en el Hospice

Quiero ser, Padre, tus manos, tus ojos, tu corazón.
Mirar al otro como Tú lo miras:
con una mirada rebosante de amor y de ternura.
Mirarme a mí, también, desde esa plenitud
con que Tú me amas, me llamas y me envías.
Lo quiero hacer desde la experiencia
del Don recibido y con la gratuidad
de la donación sencilla y cotidiana al servicio de todos,
en especial de los más pobres.
Envíame, Señor,
y dame constancia, apertura y cercanía.
Enséñame a caminar en los pies
del que acompaño y me acompaña.
Ayúdame a multiplicar el pan
y curar las heridas, a no dejar de sonreír
y de compartir la esperanza.
Quiero servir configurado contigo en tu diaconía.
Gracias por las huellas de ternura y
compasión que has dejado en mi vida.
En tu Palabra encuentro la Luz que me ilumina.
En la Oración, el Agua que me fecunda y purifica.
En la Eucaristía el Pan que fortalece
mi entrega y me da Vida.
Y en mi debilidad, Señor,
encuentro tu fortaleza cada día.

Amén

Hermano Antonio Ostojic

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