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Una luz de esperanza

Morir es trasladarse a una casa más bella “se trata sencillamente de abandonar el cuerpo físico como la mariposa abandona su capullo de seda.” (Elisabeth Kubler -Ross)

El surgimiento de grupos de mutua ayuda para personas en duelo es hoy un recurso social importante para afrontar con otros el camino de la curación, rompiendo las barreras del miedo o de la vergüenza.

El grupo representa un lugar para salir del aislamiento, de la depresión; un lugar donde encontrar comprensión y sanar el corazón herido. Los participantes aprenden a abrirse, a revelarse, a ganar confianza en las propias potencialidades. Crecen tomando conciencia que la elaboración del duelo no depende de recetas, de consejos fáciles, soluciones… sino de la responsabilidad personal, del tiempo utilizado positivamente, de los propios objetivos existenciales y de las decisiones tomadas.

Quienes integran los grupos son estimulados a encontrarse sobre ” el aquí y ahora” y a fijar pequeños objetivos, alcanzados con la ayuda solidaria de los demás. El compartir la propia vulnerabilidad con personas que están viviendo un duelo, reduce la soledad y los problemas emocionales. El grupo se transforma en un lugar donde los dolores individuales son recibidos con comprensión, amor, respeto y se transforman poco a poco en crecimiento. La experiencia de solidaridad ayuda a vivir mejor los procesos y los cambios. El tiempo por si sólo no sana el dolor. El factor decisivo no es el tiempo en sí, sino lo que se hace con el tiempo y cómo éste es utilizado para activar respuestas constructivas frente al sufrimiento.

Uno de los objetivos comunes que caracterizan a cada uno de los grupos es el apoyo emotivo. El grupo se vuelve un espacio en el cual las personas pueden dar a luz su propio dolor, sus miedos y esperanzas. El poder expresar sus sentimientos y el sentirse comprendidos constituyen la base sobre la cual se construye la confianza y la experiencia de mutua ayuda. La presencia de otras personas que comparten un sufrimiento similar favorece un clima de positividad y apoyo, que ayuda a volver a vivir y a proyectarse hacia el futuro.

El grupo es también una escuela donde cada uno es, al mismo tiempo, Maestro y Discípulo… Maestro de cuanto se ha madurado e interiorizado a la luz de la propia experiencia… Discípulo de cuanto se aprende escuchando y observando a los demás.

Un indicador de la fuerza del grupo es el clima de fraternidad que se crea entre sus integrantes y el deseo de encontrarse nuevamente. El objetivo es ayudar a curar las propias heridas para sanarse y recomenzar el viaje; es el de favorecer que el encuentro con los demás promueva la confianza personal, permita tomar control de la propia vida, tomar conciencia de las propias necesidades y emociones, estimule a asumir aquellas iniciativas y a tomar los riesgos que sacan a la luz las propias potencialidades escondidas… a lanzarse con realismo y coraje en el mar de la Vida.

Celeste Pinto
Coordinadora Grupo de Duelo

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