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Empatía cristiana, dos palabras que se refieren a la realidad vivida que resplandece en testimonio auténtico y vigoroso. La empatía comprende los sentimientos y las emociones: es la experiencia que intenta llegar hasta la identificación, es comprensión compasiva, es vivir y padecer con el otro y lo del otro, es fecundar al lograr que se viva también a la hora de morir y despedirse.

Los cuidados paliativos: paliar eficazmente el dolor, facilitar un proceso de morir más digno y más humano, y cristiano. Así, nos dice el Papa Francisco: “El tiempo que se pasa junto al enfermo es un tiempo santo. Es alabanza a Dios”.

Jesús Crucificado y Resucitado nos da la seguridad de que en este dolor no caminamos hacia la nada y el abismo, sino hacia Dios mismo, nuestro origen y nuestra meta.

“En el Corazón de Cristo encuentra paz quien está angustiado por las penas de la existencia; encuentra alivio quien se ve afligido por el sufrimiento y la enfermedad; siente alegría quien se ve oprimido por la incertidumbre y la angustia, porque el Corazón de Cristo es abismo de consuelo y de amor para quien recurre a Él con confianza”. San Juan Pablo II.

“El hombre que se levanta por encima de su dolor para ayudar a un hermano que sufre, trasciende como ser humano”. Víctor Frankl. Y el mismo psiquiatra vienés afirma: “He encontrado el significado de mi vida al ayudar a los demás a encontrar en sus vidas un significado”. Ya ven, empatía plena.

Los miro y contemplo, reflexiono sobre lo que ustedes realizan cada día, en silencio modesto y humilde, con fidelidad perseverante y renovada. Ustedes y las familias de los enfermos.

La empatía como vínculo espiritual y como alabanza a Dios en el acompañamiento a quienes atraviesan una enfermedad amenazante y que desde la compañía cercana y empática se suele volver aceptación y entrega.

¡Dios nos bendiga a todos!

Hermano Antonio Ostojic

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