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Testimonio de Lorena Etcheverry

Ser parte del Hospice era un plan que Dios tenía reservado para mí.

Hace unos años, tuve la gracia de vivir una experiencia espiritual muy fuerte, un encuentro con Jesús que me comprometió a replantear mi proyecto de vida. En esa experiencia, pude comprender que el amor y la presencia de Dios se reconocen y viven en el prójimo y, sobre todo, en las personas más vulnerables.

Por entonces, cursaba el Ciclo Básico Común de la carrera Diseño de Indumentaria y Textil en la Universidad de Buenos Aires. Sin embargo, a partir de esta experiencia, dejé de encontrarle el mismo sentido a mis planes, razón por la cual decidí buscar una carrera que me permitiera establecer un vínculo diferente con las personas, poder servir y ayudarlas de algún modo, así fue que elegí estudiar Psicología.

Poco tiempo antes de graduarme, Cristian Viaggio -con quien habíamos compartido vivencias espirituales muy enriquecedoras en esta nueva etapa de mi vida- me preguntó cuánto tiempo me faltaba para recibirme porque tenía un proyecto que me podía interesar: El Hospice.

A los pocos meses me recibí y Cristian volvió a convocarme para darme a conocer más detalles de la propuesta. El proyecto me encantó porque conjugaba la posibilidad de hacer de mi profesión un apostolado cotidiano; no obstante, también me generaba dudas porque en ese momento mi papá tenía cáncer y nos habían anticipado que el pronóstico no era bueno, con lo cual no me sentía siquiera preparada para afrontar lo que me tocaba vivir a nivel personal.

Sin embargo, la desprotección que por ese momento estábamos viviendo con mi familia, frente a la carencia de profesionales especializados en cuidados paliativos, me alentó a pensar que la invitación de Cristian podía ser un llamado, que quizás Dios estaba tratando de decirme algo y que, de alguna manera, yo sí podía ayudar, directa o indirectamente. Empero, no podía saberlo si primero no me ponía a prueba.

Así fue que empecé junto a Paula Olaizola -quien también se había sumado al plan- a formarme en cuidados paliativos y a estudiar la muerte y el sufrimiento desde una mirada cristiana. Todo este aprendizaje era tan positivo que me animé a comenzar a visitar pacientes y pronto pude advertir y sentir que el hecho de que mi presencia mitigara aunque sea un poquito el sufrimiento, colmaba mis inquietudes vocacionales. Emocionalmente me sentía mejor, la situación personal ya no me amedrentaba y tampoco interfería en el vínculo que establecía con los pacientes.

Conocer de qué se trataban los cuidados paliativos y contemplar la dimensión espiritual de la enfermedad fue sorprendente y maravilloso porque pude modificar la visión que tenía sobre la muerte y me permitió salir de la angustia para empezar a disfrutar a mi papá el tiempo que le quedaba de vida. Vivió con dignidad tres años más.

Cuando llegó el momento de su partida, de la cual ya transcurrieron casi cuatro años, mi papá estuvo cuidado por todos mis compañeros y amigos del Hospice. Frente al dolor que atravesábamos con mi familia, se comportaron como auténticos hermanos en Cristo, fueron verdadero testimonio del amor de Dios, por lo que no tendré jamás palabras y gestos suficientes para agradecerles.

En los siete años que llevo siendo parte del Hospice, con aciertos y errores, no he dejado de aprender y crecer día a día en todo sentido. No sólo tuve la bendición de ser partícipe de la concreción de una obra maravillosa, sino también de desarrollarme en lo profesional pero, fundamentalmente, como persona.

Atte. Lorena Etcheverry
Lic. en Psicología

Esta entrada tiene 9 comentarios
  1. Acabo de leer este testimonio bellísimo, que a través de lo que Jesús inspira en Lorena, y en su respuesta de plegaria y acción, ella puede tocarlo en cada enfermos que es un Jesús sufriente, que es la manera de resucitar con Él. La ternura, la misericordia y la compasíón de Dios, se nos ponen delante de los ojos con esta vocación que da respuesta a su llamado. El dolor tiene sentido y es redentor cuando encuentra alivio fraterno y cercanía, que le ayuda a encontrar justamente ese sentido.
    Tu testimonio tan femenino y a la vez tan vigoroso, nos dice todo. Sólo me queda agradecerte.

  2. Lorena! Que lindo testimonio!! Gracias por compartirlo!
    Desde Córdoba los recuerdo siempre con mi cariño y admiración enormes! Me encanta ver cómo va creciendo la Casa!! Ojalá pronto la terminen y la tengan lista para comenzar a recibir sus huéspedes! Todos ustedes tienen tanto para dar! Yo sigo sintiéndome parte del MHA con la Casa de la Bondad, y sé que nos volveremos a reunir para recomenzar un proyecto que, cuando esté maduro, servirá de mucho apoyo a todos los hospices de Argentina.
    Te felicito, los felicito, y les mando a todos un abrazo grande!

    carlota

    1. Gracias Carlota!! Siempre te recuerdo con cariño y tomo a la Casa de la Bondad como referencia. Estoy convencida de que MHA sigue uniéndonos espiritualmente y Dios quiera nos reúna nuevamente en la acción … Toda la Gente del Hospice Madre Teresa así lo desea. Beso enorme!

  3. Loo..sabes que sos un ejemplo para mi, un ejemplo de que se puede hacer lo que uno ama y eso a lo que Jesus y la Virgen nos destino, trabajando todos los dias..
    Y como lo empece a vivir en este hermoso camino ya hace mas de 3 años, dia a dia nos hace feliz el acompañar y trabajar asi..
    Sabes que sos una gran persona y tambien una gran psicologa..de la cual aprendo segundo a segundo..y eso para mi es un regalo masde Dios..
    Te quieroooooo
    =)

  4. Hermoso tu testimonio Lore! Cómo no emocionarme leyéndolo?…. si compartí cada día de esos en los que las dificultades y el dolor azotaban nuestra flia. sin tregua, cada día en los que aparecían dudas acerca de tu futuro laboral, cada día de esfuerzo desde que comenzaste a formarte y cada día de esta profesión tuya, forjada con entrega y dedicación. Te quiero hermanita!

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