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Testimonio

Mi nombre es Marcela.  Hace apenas un mes, “Beatriz”, mi mamá, después de un largo tiempo de padecer un enfermedad terminal y de luchar mucho para vencerla, partió a “descansar” después de haber dado pelea y haber afrontado con valor el sufrimiento y el deterioro.

Ante la crueldad de una enfermedad que no da tregua, ella siguió adelante venciendo y aceptando con coraje todas las consecuencias que la enfermedad misma y sus tratamientos le causaron a su cuerpo.  Su cabeza y su corazón permanecieron intactos casi hasta el final.  No se la escuchó quejarse y frente a la adversidad siempre tenía una sonrisa.

Son muchos los sentimientos y las sensaciones que se experimentan al acompañar a un ser querido en este transitar.  Además del dolor y la angustia, la impotencia y la zozobra al esperar “a ver qué pasa” y no poder hacer demasiado, hacen que las fuerzas comiencen a flaquear.  El apoyo de la familia y de los seres queridos ayuda, sostiene y renueva las fuerzas para seguir… pero hay momentos en que no sabemos quién sostiene a quién, o en quien apoyarnos, porque sabemos que todos están atravesados por el mismo dolor y lo que no queremos es causar más pena en el otro.

Fue en ese momento, en el que aparecieron en nuestras vidas, personas que no conocíamos de antes.  Desinteresadamente se acercaron, nos empezaron a visitar y nos ofrecieron su ayuda.   Recibimos de ellos desde la compañía, la palabra, el consejo, la contención, la mirada, la mano, el abrazo, el “saber experto” hasta los suministros materiales para el cuidado de mi mamá.

Gracias a ellos,  pudimos cuidar a mi mamá en casa hasta el final, con la tranquilidad que frente a cualquier sobresalto llamábamos a un teléfono y allí estarían para brindarnos la asistencia necesaria.  Lo que fuera.

Gracias a ellos, mi mamá se durmió en su casa, en su habitación, con todas sus cosas, y rodeada del amor y el cuidado de toda su familia.

Hoy, además del dolor de su ausencia física y de extrañarla mucho, sentimos el alivio y la tranquilidad que nos dan, por un lado el no verla sufrir, el saber que descansa en paz y el haber podido cuidarla nosotros y darle todo nuestro amor.

No sé si lo hubiésemos podido hacer sin la ayuda que nos brindaron  nuestros “AMIGOS” del “HOSPICE MADRE TERESA”.  Tampoco sé si habrá manera de agradecerles y devolverles en parte todo el amor que nos han brindado.  Porque sólo con tanto amor es posible tamaña obra.

Sí sé que DIOS obra a través de las personas, y que CRISTIAN, PAULA, TERESITA MIRTA son el regalo que mi mamá (quien nos enseñó muchas cosas entre ellas a “cuidarnos mucho entre nosotros” y a “ser generosos”) nos dejó antes de partir para no dejarnos tan solos…

Marcela y Familia
Luján,  Junio de 2013

Esta entrada tiene un comentario
  1. Gracias eternas por el apoyo recibido en momentos tan díficiles, el amor, la contención, las palabras siempre certeras, la profesionalidad de los médicos, un cúmulo de de paz, que nos ayudaron a soportar la pérdida de un ser tan querido como era para toda su familia Maria del Carmen Impini. Jamás los olvidaré porque fueron nuestros protectores en horas desesperadas, pero junto a ustedes todo se hizo mucho mas llevadero. Estaremos a sus órdenes siempre porque en la vida una cosa muy importante es ser agradecido.

    Gracias al Dr. Alejandro Alassia, a la Dra. Natalia Gonzalez Otharan, a Bernardita Hernderson, a Paulita, a Maria Elena Messera y a toda la institución. Sigan adelante en este sendero, porque la misión que llevan adelante es maravillosa e inigualable. Por todo ello un eterno ¡Gracias infinitas. Rosa

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