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Ariel Ávalos nos comparte su testimonio a un año del fallecimiento de su esposa Mariel Duo (hermana de Analía Duo, voluntaria del Hospice) quien falleció de cáncer a los cuarenta años.
Su esposo Ariel escribe lo que sintió aquel 19 de noviembre y comparte su reflexión de enfrentar la pérdida junto a sus cuatro hijos de 3, 5, 7 y 9 años. A pesar de lo vivido, sus palabras nos alientan y nos contagian esperanza.

Hay Esperanza

Aquí estamos habiendo transcurrido un año donde aprendimos a ser cinco donde éramos seis.
Hoy, 19 de noviembre, se cumple el aniversario del año del cual nunca hubiera querido que sea. Pero aquí estamos haciendo fondo blanco en la copa que el Padre nos dio a beber.
Testimonio de Ariel

Fue un año de aprendizaje en el que me di cuenta que aprendí más de los errores cometidos que de los aciertos, el año en el cual los meses para mí no terminaban el día 28, 30 o 31, sino que todos los días 19 de cada mes para mí era un mes más.

Un mes más de levantarme y hacer solo lo que antes hacíamos de a dos. Cada 19 del mes me evaluaba y veía si había logrado los objetivos de poder ser más que padre para mis hijos y si había podido anteponer su dolor y su sufrimiento antes que el mío.

Este año podría haber sido catastrófico pero fue un año de victoria desde donde yo lo veo, porque aprendí a ser más que padre, hoy soy amigo, compañero, hermano y consuelo de mis hijos. Aprendí a ver el dolor de los demás antes que el mío y eso me ayudó a que yo también sea sanado, porque cuando velé por los demás el Señor mismo veló por mí.

Un año donde aprendí a administrar mi casa y a ser más completo como hombre, organizando todo: el qué comer cada día; preparar la ropa de los chicos; ver los cuadernos de la escuela; ir a las reuniones de padres; estar en las actividades de la escuela y de la iglesia; los cumpleaños; preparar los bolsos para irnos de vacaciones y las valijas cuando vamos lejos. Saber qué ropa es de cada uno, saber qué le gusta a cada uno, hacer salidas, pasarla bien. Poder escuchar a los cuatro al mismo tiempo, etc. Y a veces pegar un grito y pedirles perdón después…ja, ja.

Pero esto no fue en mi sabiduría sino en respuesta a la oración que hice la madrugada del 20 de noviembre en la cual solo le pedí sabiduría a Dios y estuve en silencio un largo rato. Aprendí que el Señor responde todas las oraciones pero a veces no es la respuesta que esperamos, sino que es un no como respuesta y a veces seguimos esperando cuando el Señor ya respondió, solo que no nos agrada recibir un no como respuesta. Pero si lo aceptamos es un desafío en el cual el Señor mismo nos va llevando y mostrando el camino por el cual debemos andar fijando en nosotros su mirada.

Fue un año donde aprendí de la soledad, el Señor me mostró que no hay que combatirla ni dejarse angustiar por ella, sino que él nos da la fuerza para poder convivir con la misma soledad, porque es una realidad que nos toca vivir a veces, pero en ocasiones uno se deja llevar por la angustia y la desesperación y eso es lo que hace que la soledad sea destructiva para uno, porque abre las puertas a la depresión y a tomar decisiones apresuradas.

En fin, un año de logros no sin tristeza y extrañando, pero también con alegrías sabiendo que el que comenzó la buena obra la perfeccionará hasta el día de Cristo.
También aprendí eso: que toda buena obra no significa que es sin sufrimiento. Jesús mismo hizo la mayor obra buena pero tuvo que padecer en la cruz. Y está escrito: Por lo que padeció aprendió obediencia.
¡Dios es fiel! Gracias a todos por sus oraciones, pasó un año, comienza otro ¡pero aquí estamos!

Esta entrada tiene 2 comentarios
  1. Que hermosas palabras tambien aprendemos sobre tu dolor rezamos para darte fortaleza fuerza por tus hermosos hijos, no dudes en pedirnos ayuda aca estamos Ariel abrazos Mary!!

  2. La vida a veces pega duro , se aprende y te fortalece, pero hay que seguir alelante,, eres un padre admirable y tus hijos unos niños muy afortunados de tenerte, mucho animo un fuerte abrazo

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