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Las cosas en la vida no pasan por casualidad, y de eso estoy segura.
Una campanita me sonaba en mis oídos, algo inexplicable sucedía cada día que pasaba por el Hospice.
Era inevitable fijar la mirada sin saber siquiera lo que era, ahora, lo que sí sabía, es que ahí debía estar.

Cuando por fin supe de qué se trataba, con más razón sentí que un poquito de mi ser lo iba a dedicar a ese maravilloso lugar. Y la primera pregunta que me hice fue: ¿voy a poder?, y creo que Dios me dio toda esa fuerza para comenzar esta tarea.
Testimonio de Carolina

Doy las gracias eternas por darme la oportunidad de pertenecer al Hospice Madre Teresa, y también agradezco haber conocido gente tan maravillosa, que día a día le pone todo para que este hogar sea realmente un hogar lleno de amor y contención para los huéspedes y sus familias.

He aprendido…
que debajo del duro escudo de las personas hay alguien que quiere ser apreciado y amado.
He aprendido…
que es el amor y no el tiempo el que cura las heridas.
He aprendido…
que cada persona a la que conoces merece ser obsequiada con una sonrisa.
He aprendido…
que todos quieren estar en la cima de la montaña, pero que toda la felicidad y experiencias agradables suceden mientras se escala hacia ella.

¡Gracias, gracias, gracias!
Carolina Tierno
Voluntaria

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