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Conocí al Hospice Madre Teresa a través de la Parroquia San Cayetano de Luján. Al poco tiempo de conocerlo, mi primo hermano cae muy mal con un cáncer de pulmón… y me dije a mí misma: “Yo no puedo quedarme sin hacer nada y verlo sufrir así”.

Entonce, me dirigí al Hospice, expuse la situación a Paula, la Asistente Social y una excelente persona… en ella encontré contención y respuesta inmediata.

¡Lo recuerdo todo como si fuera ayer!

El Director, Dr. Cristian Viaggio, se sienta en la mesa de la casa de mi primo, mientras que a su lado Pauli mira la historia clínica. Recuerdo también ver un prendedor de un crucifijo en la chaqueta del Doctor, lo que me transmitió mucha Paz y me hizo sentir que estábamos en excelentes manos… pues Dios estaba allí entre nosotros con toda su Misericordia.

Ese día nos recomiendan internarlo, así la esposa da su consentimiento y Dani es internado. Aunque no estuvo más de dos días, fue más que suficiente para ver todo el amor que ofrecen allí… a toda la familia y a Dani, desde lo clínico hasta lo espiritual. Resalto que lo hacen sin ningún tipo de distinción de raza, situación económica o credo.

Todo tuvo su desenlace en el mes de noviembre de 2014.

Unos meses después, sola en casa, escucho por la radio de la Parroquia San Cayetano de Luján un relato de la Madre Teresa de Calcuta… recuerdo las siguientes palabras:

“Traen a la Madre Teresa una enferma, ella levanta las sábanas y es una radiografía. La Madre Teresa trata de animarla con mil y una atenciones; la moribunda con ojos desorbitados le pregunta: ‘¿Por qué hacés esto?’, y la Madre Teresa le contesta: ‘Porque yo te amo’. Un destello de alegría iluminó el rostro de la moribunda y le pide ‘Dímelo de nuevo’… ‘Yo te amo’ dice la Madre Teresa, y le repitió una y otra y otra vez esas palabras que saben a vida eterna.”

Ese relato conmovió mi alma, mi ser completo supo que la Madre Teresa me estaba llamando. Entonces me repliqué: “¿qué puedo hacer yo? ¡No podré!”

Días después escuché otra frase de la Madre Teresa que dicía: “Muchas veces sentimos que lo que hacemos tan sólo es un gota en el mar pero el mar sería menos si le faltara una gota”. Desde ese entonces comenzó mi lucha interna… la Madre Teresa me llamaba y yo pensaba que no podría y que no estaba preparada… pero el llamado insistía cada vez más fuerte en mi corazón y golpeaba en mi pecho hasta quemar.

Entonces decidí en Adoración al Santísimo Sacramento exponer esto. Y una vez que hablé con Jesús, no pasó mucho tiempo que volví a cruzar a Pauli, a quien comenté mi situación. Así me invitó a ir al Hospice y allí comenzó todo.

Comenzó mi voluntariado no solo en agradecimiento, sino que después de meditar más de un año el llamado de la Madre Teresa, me decidí a ayudar.

Por su insistencia soy voluntaria, y como Divina Providencia, el día que comencé ella fue santificada, por eso ella es mi Santa patrona.

Es impagable poder pertenecer al Hospice. Decidir dar amor es lo más maravilloso que te puede pasar… no importa la situación ni los sentimientos del momento, sino que decidís dar todo el amor que tenés desinteresadamente con la alegría y el gozo de haber dado todo para el otro.

El amor es una elección de vida y yo decido amar al Hospice.

Claudia,
Voluntaria del Hospice.

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