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Cristian Viaggio. Cofundador, Presidente y Director médico.

Toda institución encuentra su fortaleza en la fidelidad a la misión que le dio origen. En el Hospice Madre Teresa, donde el cuidado de las personas con enfermedades avanzadas y de sus familias constituye una expresión concreta del amor de Cristo, el desafío de gestionar en la verdad y la unidad adquiere un significado profundamente evangélico.

La verdad es el fundamento de toda comunidad que busca servir. Jesús mismo nos dice: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn 14,6). Gestionar en la verdad supone actuar con transparencia, responsabilidad y coherencia entre los valores que proclamamos y las decisiones que tomamos cada día. Implica reconocer con humildad los logros alcanzados, aceptar las dificultades como oportunidades de aprendizaje y mantener siempre como prioridad el bien de las personas que el Señor pone en nuestro camino.

Pero la verdad necesita estar acompañada por la unidad. La misión del Hospice no pertenece a una sola persona, sino a una comunidad integrada por voluntarios, profesionales, colaboradores, benefactores y amigos que comparten una misma vocación de servicio. San Pablo exhorta: «Esfuércense por conservar la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz» (Ef 4,3). La unidad no exige uniformidad de opiniones, sino la capacidad de dialogar, escucharse y caminar juntos, poniendo siempre el bien común por encima de los intereses personales.

Toda obra inspirada en el Evangelio enfrenta también pruebas. Entre las más dolorosas se encuentran la mentira, la desconfianza, la hipocresía y las murmuraciones que hieren los vínculos y debilitan la comunión. La mentira oscurece el discernimiento y la hipocresía rompe la confianza, un bien que lleva años construir. Sin embargo, la respuesta cristiana no puede ser el resentimiento ni la división. Estamos llamados a afrontar los conflictos con la luz de la verdad, la justicia, el perdón y la corrección fraterna, recordando que ninguna dificultad es más fuerte que una comunidad que se deja guiar por el Evangelio y busca sinceramente la reconciliación.

La identidad católica del Hospice nos recuerda que cada persona posee una dignidad infinita por haber sido creada a imagen y semejanza de Dios. Desde esa convicción, la gestión institucional no puede reducirse a la administración de recursos o al cumplimiento de objetivos. Es, ante todo, un servicio a la vida, especialmente allí donde la fragilidad humana reclama cercanía, compasión y esperanza.

Santa Teresa de Calcuta enseñó que «el fruto del amor es el servicio y el fruto del servicio es la paz». Esa espiritualidad continúa iluminando el camino del Hospice Madre Teresa, invitándonos a realizar las pequeñas cosas con un amor grande y a reconocer a Cristo en cada persona enferma y en cada integrante de nuestra comunidad.

El papa Francisco recuerda con frecuencia que la unidad no elimina las diferencias, sino que las armoniza en la caridad. Cuando una institución cultiva la escucha, la participación, la transparencia y la corresponsabilidad, fortalece su misión y ofrece un testimonio creíble del Evangelio.

La autoridad moral de una institución no nace de la ausencia de conflictos, sino de su capacidad para afrontarlos con verdad, justicia, caridad y fidelidad a la misión.

La conducción de una institución también exige asumir decisiones que, en determinadas circunstancias, pueden no ser plenamente comprendidas por todos en el momento en que se adoptan. Gobernar con espíritu cristiano no consiste en buscar la aprobación permanente, sino en discernir con prudencia aquello que mejor protege la misión, preserva la comunión y garantiza el bien de las personas confiadas a nuestro cuidado.

La prudencia —que la tradición de la Iglesia reconoce como la primera de las virtudes cardinales— no es indecisión ni conveniencia; es la capacidad de buscar la verdad, prever las consecuencias de los actos y elegir, con libertad y responsabilidad, el camino más justo para el bien común. Por ello, quienes ejercemos la dirección del Hospice tenemos el deber de tomar decisiones, incluso cuando resultan difíciles o impopulares, sabiendo que deberán rendir cuentas no solo ante la comunidad, sino también ante Dios por la fidelidad con la que han custodiado la misión recibida.

Crecer institucionalmente significa fortalecer la confianza de la comunidad, consolidar equipos comprometidos, administrar con prudencia los bienes recibidos y ampliar la capacidad de acompañar a quienes transitan el final de la vida. Ese crecimiento solo será auténtico si permanece arraigado en la verdad, sostenido por la unidad y orientado por la caridad.

Esta entrada tiene 3 comentarios
  1. Gracias Christian, realmente estás en el camino que Dios eligió para vos.
    Seguis siendo maestro de vida hasta el final
    Ningún ateo muere

  2. Excelentes palabras que profundizan nuestros interiores. Somos personas y, el hacer empatía en una y en otras, hace que el Camino que debemos transitar sea más llevadero y confiable.
    La Luz, es la Puerta a una Esperanza tan anhelada que nos dará esa paz deseada por uno y por TODOS. 🙏🏼🌹.

  3. Buen día amigo, gracias, toda esta reflexión cimentada en el amor a Cristo a través de nuestro prójimo nos anima a seguír. Gracias

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