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El último sábado vivimos uno de esos encuentros que dejan huella. Voluntarios de distintas etapas del camino Hospice nos reunimos para compartir la jornada de cierre de la capacitación destinada a quienes este año comenzaron su servicio en el Hospice Madre Teresa.

Fue una mañana de reflexión, escucha y encuentro, guiada por el Padre Juampi Contempomi, fundador del Hospice San Camilo y uno de los grandes referentes del movimiento Hospice en la Argentina. Su extensa experiencia acompañando personas al final de la vida —junto con las enseñanzas que recibió de figuras como Cicely Saunders y la Santa Teresa de Calcuta, a quienes tuvo la gracia de conocer— nos ayudó a volver a lo esencial.

Entre mates, anécdotas y silencios compartidos, nos animó a hacernos preguntas que nunca dejan de interpelarnos: ¿qué soy en el Hospice?, ¿desde qué lugar acompaño?, ¿cómo hago para que el otro se sienta verdaderamente acogido?

La respuesta que fue apareciendo a lo largo de la mañana puede parecer sencilla, pero encierra un enorme desafío. En una de las reflexiones que más resonó durante el encuentro, el Padre Juampi resumió el corazón de lo que somos en apenas dos palabras:

«Somos familiares.»

No porque reemplacemos a la familia de nuestros huéspedes, sino porque elegimos recibir a cada persona con la misma dignidad, respeto, empatía y disponibilidad con la que recibiríamos a alguien profundamente amado.

Una manera de recordarnos que el cuidado Hospice necesita sensibilidad, discernimiento y cercanía; pero también respeto profundo por la historia y los tiempos de cada persona.

Lo que nos dejó el encuentro

Al terminar el encuentro, muchos voluntarios compartieron espontáneamente por escrito lo que habían vivido. En sus palabras aparece con claridad el sentido profundo del servicio Hospice.

«Gracias Hospice Madre Teresa por ayudarnos a ser mejores personas.»

«El encuentro me dejó feliz, con renovadas fuerzas para dedicarme al Hospice. Enorme gratitud por todo lo que aprendo con cada uno de ustedes. Es una escuela de vida.»

«A vivir y honrar la vida. Como dijo Tito hoy, la bondad surge con comodidad cuando estamos en el hospice, pero nos desafinamos con facilidad. A ir por un poco más cada día, como decimos en el teatro, extremarnos, animarlos a salir de los límites que nos imponemos. Como decía un poster de mi juventud, cuántas cosas imposibles podemos alcanzar cuando nos decidimos.»

«Hoy me siento afortunada, Dios me regaló el privilegio de estar en la bendición de los cimientos para ampliar nuestra querida casa . Mientras el Padre hablaba durante toda la ceremonia pensaba todas las historias que van a pasar por ese lugar cuantas vidas nos esperan para acompañar amorosamente para seguir aprendiendo y creciendo como familia . Solo me queda agradecer por ser parte muy pequeñita de esta gran obra.»

«Siento orgullo de ser un granito de arena para que esta obra maravillosa siga creciendo… Me emociona y a veces me cuesta creer que sea real. En un mundo donde pareciera que el dolor no duele si no nos toca de cerca estar rodeada de gente que es capaz de dar y recibir tanto sin conocerse podría ser una utopía pero eso es Hospice ❤️  Y vamos por más porque tenemos todo lo que hace falta para seguir Ganas de trabajar en equipo, amor, fe, constancia y sobre todo la convicción de que cada uno de nuestros huéspedes es Jesús.»


Cada encuentro en el Hospice es una nueva oportunidad para volver a descubrir el sentido de nuestra misión. Acompañar, escuchar y cuidar son gestos que se aprenden todos los días, caminando juntos.

Agradecemos al Padre Juampi Contempomi por compartir su experiencia y a cada voluntario que, con su entrega cotidiana, sigue haciendo del Hospice Madre Teresa una verdadera familia para quienes más lo necesitan.

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