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Hoy compartimos un nuevo testimonio de Paula Olaizola, integrante del Hospice Madre Teresa desde sus inicios, promotora de la creación de la Casa de la Divina Misericordia, parte de la Comisión Directiva y Equipo Terapéutico.

Mi nombre es Paula, soy Lic. en Trabajo Social, estoy casada y junto con mi esposo, tenemos tres hijos. Pertenezco al Hospice Madre Teresa desde sus cimientos, hace ya varios años.

Soy egresada de la Universidad Nacional de Luján y en la medida que me fui involucrando con la obra, me fui formando en el área de los Cuidados Paliativos, una dura tarea, pero no por eso poco gratificante y con muchos desafíos.

Con el paso de los años en el Hospice, fui creciendo junto a esta maravillosa obra, no solo como profesional, sino también como persona y paralelamente a ello, fui formando mi propia familia, que me acompaña y sostiene para seguir siendo parte del Hospice.

En este caminar, también fui armando y creando mi lugar en el Hospice, donde al principio pase por muchas tareas, no menos importantes pero sí necesarias al inicio, y en la medida que fuimos creciendo y fuimos sumando voluntades, fui desarrollando concretamente mi tarea de Trabajadora Social, aquí en la Casa, con el propósito de que día a día se lleve a cabo la misión de la Casa de la Divina Misericordia.

Ser parte del Hospice, no solo llena mi corazón, sino que también me da felicidad poder servir y ayudar a quienes más lo necesitan. Así como crecer en lo personal, en lo profesional y espiritual. Estar aquí, me ha permitido y permite conocer mucha gente, muchas instituciones, participar de congresos y seguir formándome para dar lo mejor de mí.

Trabajar en el Hospice, implica no solo dar nuestro tiempo, sino también entregarnos y dejarnos ser parte de esta gran familia, que ha crecido inmensamente. Y sin darnos cuenta, hemos crecido no solo como institución, sino también como equipo humano de trabajo, donde lo que recibimos es más de lo que damos, a pesar de que lo que hacemos es sin esperar nada a cambio. Asimismo, es necesario seguir sumando voluntades, ya que es mucha la tarea cotidiana y sobre todo porque queremos seguir “…haciendo bien el bien…”.

Es una alegría que en Luján exista una institución sin fines de lucro, con asistencia gratuita para todos aquellos que están atravesando una situación tan difícil. Y justamente desde el Hospice nos proponemos que ningún ser humano que llegue a la Casa, atraviese estos momentos en soledad ni en abandono, por eso es que trabajamos diariamente para llevar a cabo esta hermosa tarea.

¡Sigamos siendo y haciendo el Hospice!
Paula

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