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Agustina, actual Licenciada en Enfermería por la Universidad Nacional de Luján, realizó las prácticas de la materia “Cuidados Paliativos de Enfermería” en el Hospice Madre Teresa, y hoy nos comparte su experiencia durante su paso por la Casa de la Divina Misericordia.

Mi nombre es Agustina Cividino, soy Licenciada en Enfermería, graduada recientemente de la Universidad Nacional de Luján. Realicé mi Trabajo Final de Graduación o tesina que fue titulado “Aspectos bioéticos de los Cuidados Paliativos de Enfermería” y el paso por el Hospice Madre Teresa durante la asignatura “Cuidados Paliativos de Enfermería” fue una gran iniciativa para introducirme en el tema.

En ese entonces, desde el desconocimiento de estos espacios, fue sorprendente ver cómo un equipo tan humano (más allá de los aspectos técnicos que había estado aprendiendo durante la carrera), podía brindar una atención compasiva desde el amor y la preocupación por un otro que necesita escucha, contención y acompañamiento para afrontar esta situación difícil.

Debido a la gran relevancia que ha ido adquiriendo el Movimiento Hospice en la disciplina, me pareció fundamental hacer referencia al mismo en el desarrollo de mi trabajo ya que, desde mi punto de vista, este movimiento necesita ser difundido en las comunidades para que la población conozca de qué se trata y de esta forma facilitar el acceso.

En el Hospice se brinda atención integral por parte de un equipo multidisciplinario y voluntarios hacia aquellas personas que se encuentran atravesando el proceso de final de vida por causa de una enfermedad para la cual no existen tratamientos curativos. Con esto quiero decir que las mismas reciben cuidados proporcionados a su situación de salud que no prologan la vida ni aceleran la muerte, sino que permiten la evolución natural de la enfermedad.

“En este caso, los tratamientos son desaconsejados desde un punto de vista moral ya que no es necesario aplicar todas las intervenciones médicas disponibles si con ello no aportás un beneficio real al paciente. Dicho en otras palabras, no todo lo tecnológicamente disponible, es éticamente justificable”.

Cabe destacar que se atienden de forma multidimensional todos los aspectos de la persona en situación de final de vida: aspectos físicos, psicológicos, emocionales, espirituales y sociales. Además, se promueve el respeto de la dignidad e integridad de la persona.

Particularmente, el paso por el Hospice fue una experiencia muy positiva y una gran influencia para adquirir una mirada humanística, tan necesaria en la atención de aquellas personas que se encuentran atravesando un gran sufrimiento que va más allá del dolor físico. Este sufrimiento se extiende hacia las dimensiones emocionales y espirituales, donde la persona que lo atraviesa busca un sentido a lo que le está ocurriendo y comienza a preocuparse por su trascendencia y a despedirse de sus seres queridos.

A su vez, el Hospice cuenta con las características de un hogar y los pacientes son llamados “huéspedes”. Esto hace que los mismos puedan estar en un espacio cómodo y agradable, rodeados de sus seres queridos, recibir visitas, disfrutar del parque al aire libre, movilizarse por las instalaciones, realizar actividades creativas y entablar relaciones con los demás integrantes.

Además, es notable la relevancia que adquiere el aspecto espiritual, lo cual promueve la tranquilidad de la persona que se encuentra sufriendo. Esto viene acompañado del control de síntomas, el acompañamiento y la contención por parte del equipo y la familia. Esto favorece a que el proceso de final de vida sea digno, lo que consiste en un derecho que todas las personas tenemos. También, es fundamental que se trabaje no solo con la persona que padece la enfermedad sino también con la familia y que se continúe brindando atención a la misma luego del fallecimiento para afrontar el proceso de duelo.

Desde mi rol como Licenciada en Enfermería, sostengo que es fundamental poder adquirir una formación humanística para favorecer el desarrollo de la disciplina, que, si bien en el último tiempo ha ido adquiriendo una mayor relevancia, creo que aún hay mucho por trabajar tanto desde la formación académica de los futuros profesionales como la actualización y especialización de aquellos que ya se encuentran en el ámbito laboral. A futuro, esto fomentará el interés de los estudiantes y profesionales de enfermería sobre los Cuidados Paliativos y sobre todo a que el Movimiento Hospice siga desarrollándose en todo el país, ya que está a la vista la necesidad de la población de acceder a cuidados humanizados y dignos al final de la vida.

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