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La circunstancias de la vida me llevaron al Hospice Madre Teresa a raíz de la enfermedad de un familiar.

Conocí al recién nacido Hospice y me impresionó encontrar en esa institución, aún muy pequeña, que quienes la integraban nos rodearon de cariño y contención y nos ayudaron a pasar momentos verdaderamente muy difíciles. Nos hacían sentir, fudamentalmente, que no estábamos solos y que todas las cosas que nos ocurrían y que nosotros creíamos que nadie entendía, sí eran entendidas por el equipo del Hospice.

No habíamos entendido todavía el fenómeno que producía el voluntariado. Fuimos comprendiendo de a poco esta «cosa nueva».

Descubrimos al Dr. Cristian Viaggio, que quien con su liderazgo de amor había nucleado a su alrededor a personas que parecían comunes y corrientes, pero que imbuidas de un inmenso amor al prójimo se transformaban en ángeles.

Con el correr del tiempo volví a esta institución, y por motivos similares a la primera vez.

Esta vez encontré una casa que había crecido muchísimo, una obra que había aumentado su servicio al prójimo basada en los mismo principios con que la había conocido, pero ahora multiplicada en voluntarios y voluntarias.

No encontraré las palabras más adecuadas para describir la caridad y la entrega de quienes la componen. Tampoco me alcanzará la vida que me resta para agradecer el amor que estamos recibiendo.

Al Dr. Viaggio, al equipo de voluntariado, profesionales y enfermeras, nuestro eterno reconocimiento.

Albino Pedro Cisilino

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