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A continuación les compartimos unas palabras escritas por Chula, voluntaria en la Casa de la Divina Misericordia, quien nos cuenta su experiencia solidaria en el Hospice Madre Teresa:

Quiero compartir con ustedes lo que significa ser voluntarios en el Hospice Madre Teresa, estar en ese lugar semana a semana, transitando un sinfín de emociones, siempre con la intensidad que la tarea impone. A veces nos dejamos llevar por los prejuicios o nos imponemos exigencias innecesarias, cuando lo importante es intentarlo y comprobar de qué se trata el voluntariado. Cada día es un intenso aprendizaje que se enriquece cuando entramos con disponibilidad y la alegría que acompaña el servicio. Las expectativas y las estrategias a veces naufragan frente a lo imprevisto, encontrándonos sin armaduras ni más herramientas que dos brazos para sostener, abrazar, dar una palabra, una mirada que estimule. El imperativo de escuchar, respetar y aceptar en silencio, permanecer y esperar, hacen ceder nuestras defensas ante lo desconocido y nos permite encontrar nuestra humildad.

El acompañar a nuestros huéspedes, nos regala la posibilidad de sentir, orar, amar y vivir con una intensidad nueva, descubrir que en nuestro interior hay algo mucho más grande que nosotros. Las diferentes personalidades de los voluntarios también enriquecen la tarea, ya que cada uno brilla en lo suyo cumpliendo la diversidad de trabajos en cada turno y nos obliga a integrarnos en nuestras equivocaciones y olvidos, como en cualquier casa.

Cuando entramos en ella, la Casa de la Divina Misericordia, sentimos la profunda convicción de estar en un lugar sagrado, disponibles a servir desde la alegría, el amor al prójimo y el respeto por la enfermedad de nuestros huéspedes y las necesidades de su grupo familiar. No siempre acertamos en nuestro desempeño y darnos cuenta nos permite aprender a rectificar, pedir ayuda, a entender que muchas veces, menos es más.

Siempre estamos abiertos a recibir nuevos voluntarios que, previa capacitación, serán bienvenidos para el servicio con la seguridad de que dando recibiremos mucho más. Cuando termina nuestro turno y cruzamos la puerta de calle, nos sentimos más buenos, más unidos en el amor y confiados que Dios nos acompaña.

“Quiero que sepas que también tengo dolores, calores, sudores, cansancios, mis ratos de amor y llanto, que me encuentro con tu vida y en este intenso trance, los dos nos vamos sanando.”

Esta entrada tiene 2 comentarios
  1. Qué lindo testimonio Chula! Es muy grato contar con tus brazos siempre dispuestos a resolver lo previsto y lo imprevisto. Gracias por tantos años de silencioso voluntariado

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