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Mi nombre es Milagros y soy parte de la familia del Hospice desde hace algunos meses. Llegué hasta allí por primera vez gracias a una Adoración Eucarística que realizamos con el grupo de jóvenes de la Basílica Nuestra Señora de Luján.

Al finalizar el encuentro de Adoración, nos comentaron que necesitaban voluntarios, y casi sin saber de qué se trataba, dije que sí sin pensarlo.

Al poco tiempo comencé, junto a una amiga, un taller sobre Cuidados Paliativos que ahí mismo realizaban, y al finalizarlo, días después, volví al Hospice y me encontré con Fernanda, otra voluntaria, que me recibió muy amablemente y después de conversar un rato, le dije que quería comenzar con el voluntariado en el Hospice Madre Teresa. La semana siguiente volví a ir, pero ya siendo parte de esta gran familia.

Los primeros días recuerdo que solo veía a los huéspedes asomándome desde las puertas de las habitaciones, pero con el paso del tiempo, comencé a involucrarme cada vez más. Así, crucé esa puerta y descubrí el regalo que Dios me estaba dando al compartir un momento junto a ellos.

Preparar una merienda o un almuerzo, dar una caricia o un apretón de manos, comenzó a tener otro significado y sin dudas me siento agradecida de ir cada semana y de poder encontrar a Jesús en los ojos de cada una de esas personas.

El Hospice es un lugar en donde encuentro paz, donde todo lo que se hace o se dice, desde lo más sencillo que pueda ser, siempre es con una entrega y una dedicación que es difícil de explicar.

Milagros Ficella,
Voluntaria del Hospice Madre Teresa

Esta entrada tiene 2 comentarios
  1. Quisiera asesorarme sobre los talleres sobre cuidados paliativos. Soy voluntaria del htal Gandulfo de Lomas de Zamora. Se pueden realizar dichos talleres. Bendecida tarea!

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