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En esta oportunidad compartimos las palabras de Patricia, una voluntaria que se sumó a la familia del Hospice Madre Teresa a principios del 2018:

«Llegué en abril. Ya hacía rato que sabía de la existencia del Hospice por una amiga, desde entonces colaboraba solo de forma monetaria. Pero cuando me jubilé, sentí que era el momento de hacer algo más, por eso decidí donar cuatro horas de mi vida como voluntaria en La Casa de la Divina Misericordia.

Cuando entro a La Casa de la Divina Misericordia dejo mi «Yo» afuera y me transformo en una humilde servidora de los que allí están viviendo en su tránsito al final de la vida. Es una obra maravillosa en donde se trata de darle acompañamiento y asistencia a las personas que están por partir.»

Pachy Shanahan,
Voluntaria

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