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Pastoral

“La grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre” –
Benedicto XVI, Spe Salvi, n. 38

La actividad pastoral y educativa del Hospice debe ser realizada “con perseverancia para despertar y afirmar esa sensibilidad hacia el prójimo y su sufrimiento, del que es un símbolo la figura del samaritano evangélico“(…) – (Salvifici Doloris). Así se podrá concientizar a los fieles laicos y a todas las personas de buena voluntad sobre “los valores morales fundamentales, como el valor de la solidaridad humana, el valor del amor cristiano al prójimo que forman parte de la vida social y de las relaciones interpersonales, combatiendo en este frente las diversas formas de odio, violencia, crueldad, desprecio del hombre, o de la mera insensibilidad, o sea la indiferencia hacia el prójimo y sus sufrimientos” (…) – (Salvifici Doloris).
La obra educadora de Dios se revela y cumple en Jesús, el Maestro, y toca desde dentro del corazón de cada hombre gracias a la presencia dinámica del Espíritu. La Iglesia madre está llamada a tomar parte en la acción educadora divina, bien en si misma, bien en sus distintas articulaciones y manifestaciones. Así es como los fieles laicos son formados por la iglesia y en la iglesia, en una recíproca comunión y colaboración de todos sus miembros: sacerdotes, religiosos y fieles laicos. Así la entera comunidad eclesial, en sus diversos miembros recibe la fecundidad del Espíritu y coopera con ella activamente“. (…) – (Christifideles Laici).
El Hospice Madre Teresa, como “asociación y pequeña comunidad eclesial tiene su lugar en la formación de los fieles laicos, ofreciendo a través de sus propios métodos una formación profundamente injertada en la misma experiencia de vida apostólica, como también la oportunidad de completar, concretar y especificar la formación que sus miembros reciben de otras personas y comunidades” (…) – (Christifideles Laici).
Todos los voluntarios del Hospice tenemos que “descubrir y vivir la propia vocación y misión, sin separación entre la fe y la vida diaria, considerándose esto una de las actitudes más importantes a desarrollar.
Sin duda la formación espiritual ha de ocupar un puesto privilegiado en la vida de cada uno, llamado como está a crecer ininterrumpidamente en la intimidad con Jesús, en la conformidad con la voluntad del Padre, en la entrega a los hermanos en la caridad y en la justicia
.” (…) – (Christifideles Laici).
El Hospice Madre Teresa debe ser un signo visible y eficaz de la misericordia y del amor de Dios en el mundo del sufrimiento. Se debe ayudar a los pacientes y a sus familiares a encontrar el sentido trascendente del sufrimiento en el misterio Pascual. Tratamos de llevar adelante esta actividad de apostolado según la sugerencia de Benedicto XVI, en Deus Caritas Est:
Cuantos trabajan en las instituciones caritativas de la Iglesia deben distinguirse por no limitarse a realizar con destreza lo más conveniente en cada momento, sino por su dedicación al otro con una atención que sale del corazón, para que el otro experimente su riqueza de humanidad. Por eso, dichos agentes, además de la preparación profesional, necesitan también y sobre todo, una formación del corazón: se les ha de guiar hacia ese encuentro con Dios en Cristo, que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro, de modo que, para ellos el amor al prójimo ya no sea un mandamiento por así decir impuesto desde fuera, sino una consecuencia que se desprende de su fe, la cual actúa por la caridad– (cf. Ga 5, 6).