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Me llamo Mirta. Soy voluntaria del Hospice Madre Teresa desde hace varios años.

Conocí al Hospice ayudando en el taller «Una gota en el mar«. Allí las personas que padecen Cáncer, aquellos huéspedes ambulatorios, se reúnen una vez a la semana para realizar diversas actividades manuales. Sin embargo, en este espacio, lo más importante es la amistad que surge entre sus participantes, la cual traspasa las paredes de la institución.

Al involucrarme cada día más, vi la necesidad de realizar el curso para voluntarias: todo el 2011 me preparé para poder integrar la gran familia del Hospice. Y luego de varios años de ayudar en el taller, me convertí en Coordinadora del grupo de voluntariado.

El Señor me indicó el camino y yo le respondí: comencé visitando a las personas en sus domicilios… en cada casa y en cada cama donde estaba recostado vi a Jesús sufriente.

Aprendí a ser solidaria y amorosa con la persona y con su familia.

Ahí vi por primera vez el dolor de nuestros hermanos, no solo físicos sino también espirituales.

Estas experiencias son disparadores para que nuestra sensibilidad aflore y pongamos todo nuestro ser a disposición del Huésped… Compañía, una mirada a los ojos, gestos de amor, caricias, silencio, tiempo y sobre todo saber escuchar… esa es nuestra misión.

Lo que nosotros damos al Huésped es tan pobre y tan poco en comparación a lo que aprendemos de ellos diariamente…

En mis oraciones agradezco al Señor pertenecer al Hospice Madre Teresa, donde tengo el privilegio de compartir con profesionales, enfermeras y voluntarios esta hermosa labor.

Deseo fervientemente que Jesús Misericordioso nos acompañe siempre e ilumine nuestra misión.

Amén.

Mirta,
Voluntaria

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