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Amor, Sufrimiento , DolorHabitualmente, María Celeste me pide una reflexión para la página del Hospice. Es un privilegio. Sólo que más de una vez tengo la percepción que lo mío es teórico, limitado, y que quienes son miembros del Hospice, así como los que son atendidos en el mismo, tienen una cercanía mayor y mejor con el tema. Pero con ese límite de mi parte, con todo gusto haré la reflexión.

El renombrado y fecundo psiquiatra Víctor Frankl, quien tocó en primera persona el abismo del sufrimiento, perdiendo en el campo de concentración de Auschwitz a toda su familia, llegó a afirmar algo que, viniendo de él, es más creíble: “EL HOMBRE NO SE DESTRUYE POR SUFRIR, SINO POR SUFRIR SIN NINGÚN SENTIDO”.

Claramente reconoce, entonces, que se puede dar sentido al sufrimiento. Y también entra en esta misma lógica que es un aprendizaje humano importante el asumir el dolor y darle sentido.

Desde la perspectiva humanista y, en nuestro caso, con visión cristiana católica, podemos iluminar este ámbito con las palabras del Papa Juan Pablo II: “El dolor, aceptado con fe, se convierte en la puerta para entrar en el sufrimiento redentor del Señor. Un sufrimiento que ya no quita la paz y la felicidad, porque está iluminado con el fulgor de la resurrección”.

Así, iluminado por Jesucristo, el dolor se transforma en una oscuridad luminosa, es una fuerza en medio de la debilidad, es maestro de vida, es fecundo. Nos puede hacer más misericordiosos, compasivos. Nos puede ayudar a identificarnos con Jesucristo, con los que sufren pobreza material, con los no amados, con los rechazados.

La Madre Teresa de Calcuta le escribía de esta manera a Jesús: “Soy tuya. Imprime en mi alma y en mi vida los sufrimientos de tu corazón”.

Y también a sus Hermanas Misioneras: “Mis queridas hijas, sin sufrimiento, nuestro trabajo sería sólo trabajo social, muy bueno y útil, pero no sería la obra de Jesucristo (…) Jesús desea ayudarnos compartiendo nuestra vida, nuestra soledad, nuestra agonía y nuestra muerte”.

Todo esto, que puede causarnos incluso miedo y temor, es un grito de esperanza y de amor, porque Jesucristo lo vivió y enseñó. El sufrimiento y el dolor son camino de resurrección, son camino de vida eterna.

Hermano Antonio Ostojic

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