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La Dignidad de la Solidaridad

¿Habremos perdido la capacidad de ser solidarios? Quizás, hoy día, “solidaridad” se ha convertido en una palabra carente de sentido, o mejor dicho, se ha reducido a un sólo sentido: dádiva. Simplemente dar. Es muy común ver cómo la solidaridad se ha convertido en una manifestación externa de personas que dan esperando un resarcimiento proporcionado o, en muchos casos, desproporcionados a la acción realizada. ¿Esto qué significa?: que la solidaridad se redujo al doy para que me des. Entonces vemos lo fácil y al mismo tiempo perverso que es echar por tierra una acción de por si buena.

De esta manera, entra en juego la intención de la acción. Eso es lo que define, a mí entender, lo que es solidaridad y lo que es egoísmo.
A veces se piensa que ser solidario es pasar la vida gastando el tiempo al servicio de alguien. Pasar la vida gastando un preciado tiempo en lugares donde se ayuda a la gente, ¿pero eso es ser solidario? ¿Qué hace la diferencia entre intención y acción? ¿Qué se mete en el medio? El egoísmo.

Muchas veces intención y acción parecieran nunca estar en la misma sintonía, y eso hace que la solidaridad se convierta en un acto meramente superficial y por supuesto egoísta. Dar pensando que por esa acción se acumula “puntos” para el futuro, deja de ser amor para convertirse en egoísmo. Lo hago para mí, para calmar mi conciencia y no por lo que realmente importa: dar sin esperar nada a cambio por amor. ¿Qué quiero decir con esto? Que la solidaridad no es «un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas». Al contrario, es una virtud que consiste en «la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos»

Para concluir, y entendiendo la profundidad de este pensamiento, podemos decir que ser solidarios nos dignifica como personas y nos hace responsables de una justicia real. Entonces, si vemos que el mundo se va convirtiendo cada día más en un lugar carente de solidaridad, de amor, quizás sea porque hemos perdido el respeto por el otro y por nosotros mismos. Y si es así, habremos perdido la capacidad de ser solidarios.

Atte. Gastón Colaprete

Esta entrada tiene un comentario
  1. Gracias, Gastón, por esta reflexión sencilla, pero que sitúa nuestras obras en el plano de la caridad, o sea, el amor total a Dios, y el amor al prójimo en el corazón de Dios, cuya imagen e hijo es. Si así lo hacemos, como lo dejás claro, no caben los cálculos, los intereses, sino el ágape, la entrega. De otro modo sería una careta. No agrego más, porque está dicho en el artículo. La obra debe ser buena, y la intención también. La intención deberá ser dar gloria a Dios en el amor al hermano. Gracias, nuevamente, Gastón.

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