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Tiempo de vida, tiempo de gracia

Dios nos creó y nos ama, y la respuesta es vivir amando, es conocer y hacer su voluntad.

Somos felices cuando descubrimos que hemos sido elegidos para una vocación, una misión, y somos fieles a esa llamada. Disponemos de tiempo, de libertad, de talentos.

Sabemos con certeza, como dice San Pablo, que “en ÉL vivimos, nos movemos y existimos”. (Hechos de los Apóstoles 17, 28).

Se trata de vivir cada día, cada instante, aprovecharlo, darle intensidad, en paz. Y como regalo del Dios Padre Providente, en la belleza de lo cotidiano.
Jesús nos dice en el Evangelio: “Le basta a cada día su propia preocupación” (Mt 6, 34).

Amamos a Dios, amamos a cada persona, amamos el tiempo presente como gracia y Providencia de Dios. Porque todo es gracia y Providencia.

Peregrinamos hacia la meta, hacia la felicidad, hacia la vida eterna, y lo hacemos desde este tiempo, desde el tiempo de Dios para nosotros, viviendo con sencillez y disfrutando del camino, aceptando lo que Dios nos ofrece y llenando el corazón de misericordia y la vida de fecundidad y buenas obras.

El tiempo se nos dona para gloria de Dios y plenificación integral de nuestra vida y la de nuestros hermanos. Para sembrar semillas de eternidad.

Todo lo que Dios nos da es un don. Y exige respuesta. La vida es eso, don y respuesta. Qué bien lo dice San Agustín: “Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti”.

Señor, hacé que cumpla tu propósito, tu voluntad en la misión que me has confiado, en la vocación que me has dado.

Atte. Hermano Antonio Ostojic

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