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Mi historia con el Hospice comenzó el día en que me marido Pepe me acercó un recorte del diario La Nación donde el Hospice San Camilo convocaba a una reunión para interesados en ser voluntarios de la institución.

Fui a la reunión y me recibieron personas maravillosas, llenas de amor, pero me di cuenta que la iba a ser imposible colaborar permanentemente por la distancia que nos separa. De todas formas, mi corazón indicaba que era una tarea para mi, así que le dije a Diana (asistente social) que me avisara cuando haya algo más cerca de mi ciudad. A la semana me llamaron para contarme que en Luján había un Hospice llamado Madre Teresa, persona a la que admire toda mi vida.

Luego de algunos llamados, me acerqué hasta el Hospice y conocí a Pauli, que me recibió con su característica ternura y cariño, quede encantada. Luego conocí a Gastón, Lore y a las otras voluntarias en el curso, seres llenos de luz y amor.

Al poco tiempo mi papá comenzó a ponerse mal, por suerte Dios me preparó para ayudarlo desde mi humilde lugar para que pueda partir en paz, ya que con mis otros hermanos que el tema de la muerte era muy duro, aunque debo recalcar que mi papá era el mas preparado de todos.

Tuve el inmenso honor de acompañar a Ana y su familia, y de integrar el Grupo de Acompañamiento de Pacientes con Lore, persona que admiro y de la cual aprendí tanto; luego fue momento de acompañar a mi papá y dejar el Hospice momentáneamente.

En 2014 tuve la oportunidad de volver al Hospice con mi mamá y me recibió Pauli, dándome tanto cariño como siempre. Conocí la nueva Casa, hermosa por fuera y dentro, y se respira amor. Siento que desde que llegue pude acompañar desde el amor, la entrega, los silencios a todos aquellos que se cruzaran por mi camino. ¿Cómo? Con presencia, con palabras, con mensajes, pero el asunto es estar, poner el cuerpo, el alma el corazón.. y debo decir que esto es lo que siento en el Hospice: AMOR, ENTREGA, PAZ, CARIÑO. Cada uno lo hace desde el lugar que puede y como puede, pero les aseguro que aquellos que se animen lo pueden hacer desde el lugar que puedan, porque siempre es más lo que uno recibe que lo que da.

Gracias por recibirme nuevamente, gracias por abrirme sus puertas y su corazón, mi alma está colmada de cariño y respeto por todos aquellos que forman parte del Hospice. Gracias también a Nilda y Susi que son un sol, así como sus familiares que no solo me saludan con tanto amor sino que se preocupan por mi.

Que Dios los bendiga, ángeles para todos. Y para el Hospice lo mejor, ya que a mi cada martes que voy me da lo mejor y la bendición de saber que a pesar de que el mundo está un poco alocado hay muchas personas que trabajan para la paz y para estar con el que sufre siempre. ¡GRACIAS!

– Hilaria Bignoli, Voluntaria

Esta entrada tiene un comentario
  1. Querida familia Hospice, esta vez me toco cruzar la frontera y estar del otro lado.. Experiencia por demás de enriquecedora,porque desde ahi se aprecia en toda su magnitud la labor generosa y desinteresada,inspirada solo en el amor al hermano en Cristo en el momento mas sublime de la vida. Tanto los voluntarios como enfermeras siempre al servicio, con una sonrisa, una palabra cariñosa y un trato tan amoroso hacia el huesped( en este caso, mi mama) que nunca me cansaré de valorar y agradecer. Agradezco a Dios que Cristian haya permitido el ingreso de mi madre a la Casa,fue para mi como brindarle el mejor regalo.GRACIAS GRACIAS GRACIAS!!!!!. Los quiero mucho y que Dios nos fortalezca para continuar en esta hermosa tare
    Todo mi cariño y un fuerte y calido abrazo para todos!
    ..

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