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La enseñanza de Pedro como huésped

Pedro: Gracias por tanta luz y desde el cielo sigue brillando en el corazón de toda tu hermosa familia y todos los que te cuidamos.

“Ciérrame los caminos, acótame los terrenos, córtame las rutas, oscuréceme las rutas,
oscuréceme los días, alárgame las tediosas horas,
párame las piernas, quitame los montes… Pero no te quites vos” Antontxu Sainz.

Hablemos de dolor = pain, que deriva del latin “poena”, que significa “pena, castigo”. Actualmente la consecuencia física del dolor se interpreta como un “simple sufrimiento puntual”, pero este es más que un síntoma físico dentro de un conjunto de experiencias superpuestas que forman un gran síndrome psico-fisico-emocional-social-espiritual-cultural-etc.

Si conceptualizamos dolor como una sensación y experiencia emocional desagradable asociada con un daño tisular actual o potencial, es importante destacar “la sensación y experiencia emocional”, porque nos ubica en la subjetividad del dolor, en la esfera afectiva del ser, es decir de los sentimientos, siendo estos los que interpretemos el dolor como una “sensación des-agradable”.

El dolor físico sólo se transforma en sufrimiento cuando se considera como signo precursor de un daño importante que acecha nuestra existencia o cuando se teme su prolongación o intensificación en el futuro sin posibilidad de control. El dolor tiene un sentido físico y el sufrimiento un sentido totalmente metafísico. El dolor se suprime con analgésicos, el sufrimiento ¡no! … El primero nos invita a reflexionar sobre nuestro cuerpo; el segundo suscita preguntas más profundas y existenciales; aprendamos que sólo el sufrimiento nos abre las puertas del conocimiento profundo de la vida, pero que ambos están íntimamente relacionados.

Ante el dolor, cada ser humano se revela como realmente es, se arranca las máscaras, el dolor nos desnuda y descubre nuestras profundidades y nos deja tomar algunas actitudes ante el sufrimiento como por ejemplo:

  • Amargura: nos volvemos malignos, odiamos.
  • Nos deshacemos ante el sufrir: perdemos la voluntad de vivir.
  • Huimos de él: nos escondemos donde nadie nos vea.
  • Nos empequeñecemos y empezamos a dar vueltas sobre uno mismo.
  • Crecemos con el sufrimiento y aumenta nuestra fuerza interior enormemente.

Por ello tiberi decía que: “aquel que consiga bautizar su dolor, dándole un significado, de alguna manera pone en movimiento mecanismos psicológicos-emotivos y cognitivos que terminan por amanzarlo: es el valor analgésico de los grandes ideales”.

Lo más importante de todo es la actitud que tomemos frente al sufrimiento. Podemos elegir afrontarlo con una actitud digna, porque la libertad permanente e insoslayable de todo hombre en cada momento de su vida es la libertad de elegir la actitud a tomar ante las diversas circunstancias de nuestro vivir, de nuestro morir.

Cuando son inevitables, el dolor y el sufrimiento pueden transformarse en un instrumento de crecimiento y perfeccionamiento interior. Pues recordemos que encontrar un sentido al sufrimiento, el dolor, la vida y la muerte (re-nacimiento) es una necesidad espiritual del ser humano y el mayor rasgo que nos distingue del resto de los seres vivos.

Gracias Pedrito por recordarnos nuestra fuente de espiritualidad y que seguimos siendo seres humanos.

Gracias, segui iluminando nuestro espíritu!!!

Lic. Liliana Navarro
Enfermera del Hospice

Esta entrada tiene 4 comentarios
  1. Hermosa tu reflexión,Lili! Gracias por tu entrega para con los huéspedes y sus seres queridos!!
    El Hospice se enriquece con tu presencia.

  2. GRACIAS, LILI!!! DIOS SABÍA MUY BIEN LO IMPORTANTE QUE SERÍA PARA NOSOTROS CONTAR CON TU PRESENCIA EN EL HOSPICE. CELEBRO QUE ASÍ SEA! UN ABRAZO Y GRACIAS POR TU INVALORABLE TRABAJO.

  3. Sí, como dicen los que escribieron antes, muchas gracias.
    Va en la línea de lo cristiano, porque “felices los afligidos, porque serán consolados”.
    Y el gran Víctor Frankl también lo reitera cuando habla de dar sentido o encontrar el sentido del sufrimiento, que, inevitablemente nos acompaña en el peregrinar de la vida al encuentro con Dios.
    Sólo, eso, porque la licenciada lo explica mucho mejor que estas pobres palabras.

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