Saltear al contenido principal

Apenas enterada de la presentación del libro sobre el Hospice Madre Teresa del Dr. Cristian Viaggio y la subasta de fotografías del Sr. Adrián Melo, agendé fecha y hora para no olvidarme.

Como estoy en los umbrales de mis 87 años, necesitaba que alguien me acompañara. Una de mis nietas –Margarita- se ofreció pues a ella también le interesaba.
testimonio-esther

Ni bien llegamos al Salón Cultural del Complejo Museográfico Enrique Udaondo, nos recibió uno de mis tantos ex alumnos de la Escuela Normal con su señora y uno de sus tres hijos. Fue un hermoso encuentro. Inesperado y emotivo. Como éste, se sucedieron otros más. Diría, que a cada paso, “mis niños” de primaria y otros de secundaria, se hubiesen dado cita en ese lugar. La mayoría con su familia. Hombres y mujeres que nos abrazamos con la misma ternura de ayer. De ese ayer lejano pero inolvidable. Para mí fue como “un volver a vivir”.

De repente creí estar no en un Salón del Museo, sino –metafóricamente hablando- dentro de una burbuja de amor. El calor humano se percibía y se contagiaba. Algo muy especial flotaba en el ambiente. No sé cómo explicarlo. Espero poder transmitir con palabras lo que verdaderamente sentí. Tanto que me emocionó al escribirlo. No soy escritora. Sólo me gusta contar vivencias que merecen ser contadas, más aún cuando el que las dicta es el corazón.

Esto es el comienzo de lo que viví después. Como si fuera el prólogo de un libro. Jamás como el del libro que tengo en mis manos, que aún no leí, sobre el Hospice Madre Teresa titulado “Solidaridad en el final de la vida”. Escuchar las palabras del Dr. Cristian Viaggio, autor del texto, fue un verdadero placer para mis oídos y mi corazón. Tanta sensibilidad, tanto amor, tanta paz en una sola persona es un verdadero regalo de Dios. Creo no equivocarme: la humildad hecha persona… la humildad de los grandes… su único fin: la solidaridad, la fe y la razón. Los tres pilares que sostienen la Casa de la Divina Misericordia.

Finalizada las palabras del Doctor, hizo lo propio el Padre Juan Pablo Contepomi que tiene en sus manos importante misión: el consuelo frente al dolor gracias a la fe y la espiritualidad. No sólo al hermano que sufre sino también a su familia. Importantísima misión pastoral y educativa para contribuir a una muerte digna que merece todo cristiano.

Luego, según lo programado, se apagaron las luces del salón y, en pantalla panorámica, una visita guiada de la Basílica: fotografías de lugares que conocíamos –y algunos que no conocíamos- del interior del templo. Obra del fotógrafo Adrián Melo. Colección que fue subastada a total beneficio del Hospice. Las explicaciones durante la filmación a cargo del Padre Rector de la Basílica Daniel Blanchoud. Acorde con el momento, una melodía de fondo. Una hermosa voz nos deleitó. Al prenderse las luces, la misma voz nos regaló –nada mejor-que la canción “Gracias a la vida”, de Violeta Parra.

Terminando el acto fui a felicitar al Dr. Viaggio y agradecerle todo lo bello de aquel encuentro. Nos saludamos con respetuoso abrazo y le solicité me firmara el libro, a lo que gentilmente accedió. Después de un breve intercambio de palabras, me dispuse a disfrutar de las hermosas fotografías del señor Adrián Melo, que tapizaban las paredes del salón. Mejor marco… imposible. Elegí tres de ellas.

Esperé unos días para ir a retirarlas al Hospice. Me acompañó otra vez Margarita. Nos atendieron tres señoritas con suma cordialidad. Aunque nos veíamos por primera vez, parecía habernos conocido “desde siempre”. Una de ellas –Celeste- entre tantas fotografías que colocó sobre su escritorio, escogió las mías. Mientras tanto nuestra conversación giró –lógicamente- sobre el evento del Hospice en el Salón Cultural del Museo. Escuchaban atentas mis palabras, que por momentos la emoción mojaba mis ojos. No podía ser de otra manera porque así lo viví.

A pedido de la señorita Celeste es por lo que escribí todo esto. Ojalá haya podido transmitir con palabras lo que verdaderamente viví y sentí.
Como siempre lo hago, agradezco a Dios por darme los años que tengo, la mente clara y asistir a todos los actos –que como éste- oxigenan mi alma y mi corazón. Agradezco a mi familia, que diariamente me regala tanto amor. Y a toda esa gente conocida que nos regocijamos al encontrarnos.
Gracias a ustedes por dedicarme un ratito de su tiempo para leer esto que humildemente dedico a toda la familia de esa Casa de la Divina Misericordia.

De corazón…
Esther -Gucha- Mileo de Sarobe

Esta entrada tiene un comentario
  1. QUERIDA GUCHA
    SOS UN EJEMPLO DE VIDA .GRACIAS POR TUS PALABRAS QUE SON UNA CARICIA PARA QUIENES
    TRABAJAMOS PARA NUESTRA.CASA DE LA DIVINA MISERICORDIA.
    SERAS BIENVENIDA LAS VECES QUE QUIERAS VISITARNOS
    TE MANDO UN ABRAZO EN CRISTO
    MABEL

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *